Reflexión sobre la evaluación en ELE

Hasta que empecé esta asignatura, nunca me había detenido a reflexionar sobre la evaluación. Nunca he ejercido como docente, así que mi implicación con la evaluación se limita a mi experiencia como estudiante. No obstante, considero que mi recorrido formativo como profesor de ELE ha de pasar necesariamente por una concienciación sobre la importancia de la evaluación en los procesos de docencia y aprendizaje.

Cuando pienso en la evaluación, siempre acude a mi mente una palabra: exámenes. Como estudiante, mi experiencia con la evaluación se limita casi exclusivamente a realizar exámenes (en ocasiones también presentaciones orales y otro tipo de trabajos) para aprobar una asignatura o un curso. Partiendo de esta experiencia, me cuesta percibir en este tipo de evaluación el objetivo final del aprendizaje. Casi de manera irremediable, asocio este tipo de pruebas con el estrés y la ausencia de motivación. En relación con esto, la lectura de Kohonen (2000) me pareció especialmente interesante para dar cuenta sobre la prevalencia del modelo tradicional de la evaluación a lo largo de mi experiencia educativa. Del mismo modo, la lectura complementaria de Figueras (2011) me permitió constatar la necesidad de avanzar hacia un modelo de evaluación más orientado a la reflexión sobre los procesos de aprendizaje y que permita fomentar la autonomía de los estudiantes, así como la retroalimentación entre el docente y los alumnos.

Dado que la evaluación es una disciplina novedosa para mí, las sesiones de clase que hemos tenido hasta ahora me han resultado muy enriquecedoras, permitiéndome aproximarme un poco más a la evaluación y adquirir conceptos de gran utilidad para mi bagaje formativo. Me ha resultado de especial interés conocer el principio de «utilidad» de Bachman y Palmer y los conceptos de validez, fiabilidad, autenticidad, interactividad, impacto y practicidad. Del mismo modo, las sesiones de la asignatura me han permitido familiarizarme un poco más con el Marco Común Europeo de Referencia y con los diferentes niveles, así como con asociaciones como EALTA, ALTE, SICELE o ACLES.

En general, estoy muy satisfecho con los conocimientos que estoy adquiriendo con esta asignatura. Espero seguir aprendiendo estrategias que, como futuro docente, me permitan desarrollar estrategias de evaluación adecuadas.

Figueras, N. (2011). Avaluar per aprender, avaluar per motivar. La mirada experta: enseñar i aprender lenguas. 

Kohonen, V. (2000). La evaluación auténtica en la educación afectiva de lenguas extranjeras. La dimensión afectiva en el aprendizaje de idiomas, 295-309.

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