Reflexión sobre la evaluación auténtica en la enseñanza de L2

Hace unas semanas comenzábamos la asignatura de Evaluación en el Aprendizaje de ELE y, a modo de introducción, las profesoras nos propusieron la lectura de un artículo de V. Kohonen sobre la evaluación auténtica en la enseñanza afectiva de lenguas extranjeras. Este texto ha constituido mi primer acercamiento a la cuestión teórica de la evaluación auténtica en la enseñanza de lenguas extranjeras y bien merece una pequeña reflexión. No cuento con ningún tipo de experiencia formal como docente, así que la reflexión que se plasma en esta entrada se sustenta en mi experiencia como estudiante de lenguas extranjeras y en mi proceso formativo como profesor de español en el marco de este máster.

En líneas generales, comparto la visión de Kohonen sobre las ventajas que puede ofrecer la evaluación auténtica en comparación con la normalizada, sin perder de vista los problemas y dificultades que plantea para el desempeño del docente. El modelo de la evaluación auténtica parece basarse en actuaciones más realistas para evaluar el dominio de tareas específicas de los aprendices de lenguas extranjeras, empleando alternativas que permiten dar cuenta del trabajo del aprendiz. En comparación con otros modelos más tradicionales, con los que estoy más familiarizado, considero que los métodos de la evaluación auténtica son indicadores más convincentes de lo que realmente sabe un estudiante; presentan mejor sus conocimientos y habilidades y permiten atender al resultado o producto final, pero también al proceso.

Al atender a la contraposición entre estos dos modelos, parece evidente que la evaluación orientada el producto -y, por tanto, basada en un enfoque más tradicional donde se evalúa el logro y no el proceso- ha tenido un peso mayor en mi experiencia como aprendiz de lenguas extranjeras. A este respecto, considero especialmente interesante la idea de la reflexión como forma de evaluación y como herramienta para el procesamiento consciente de la experiencia personal y la producción de aprendizaje. El uso del portfolio reflexivo durante la realización de este máster me ha permitido dar cuenta de la importancia de la valoración reflexiva en los procesos de aprendizaje. La evaluación del proceso, que tiene que ver con ese trabajo reflexivo, puede aportar información relevante a los docentes sobre el progreso de los estudiantes en competencia comunicativa y en las diferentes destrezas del aprendizaje de lenguas. A lo largo de mi experiencia como estudiante, los profesores han utilizado el portfolio como método de evaluación, si bien en la mayoría de casos eran simples recopilaciones de redacciones, trabajos escritos y otras tareas de clase que no implicaban necesariamente un proceso reflexivo para el estudiante. Como futuro docente, comparto el planteamiento de Kohonen sobre cómo la valoración reflexiva puede ayudar a los estudiantes a ser más responsables e independientes en su aprendizaje, dando pie a una mayor comprensión del proceso y de sí mismos.

En el artículo, Kohonen aporta un listado de tipos básicos de evaluación auténtica en el aprendizaje de lenguas extranjeras, entre ellos el portfolio. Si bien, como estudiante, estoy familiarizado con algunos de ellos (exposiciones, ejemplos de expresión escrita o preguntas abiertas, por ejemplo), otros muchos no han formado parte del modelo de evaluación de los diferentes cursos de lengua que he realizado (entrevistas orales, experimentos y demostraciones, narraciones nuevas de relatos y textos, porfolio reflexivo, etc.) En muchos casos, la evaluación y la instrucción se han considerado actividades separadas. La evaluación a menudo se ha basado única o mayoritariamente en la puntuación de pruebas que tienen lugar de una sentada y que carecen de sugerencias de mejora. Ha sido frecuente, además, que las pruebas destacasen el conocimiento y las destrezas de baja categoría (por ejemplo, la memorización descontextualizada de léxico o estructuras gramaticales) y que la enseñanza se limitase a los contenidos que se examinaban en las pruebas. Este tipo de evaluación difiere de los rasgos que Kohonen adscribe a la evaluación auténtica, basada en múltiples fuentes de datos y orientada a la elaboración de currículos más significativos para orientar el aprendizaje de los estudiantes. Algunas de las dificultades que plantea este tipo de evaluación tienen que ver con la necesidad de dar directrices claras a los estudiantes, generalmente más acostumbrados a las pruebas tradicionales, y la gran cantidad de supervisión personal que requiere por parte del profesor. Si bien el contexto de este máster difiere de la enseñanza de lenguas, el uso didáctico del porfolio reflexivo me ha permitido dar cuenta de este tipo de problemáticas. A este respecto, considero más pertinente emplear otros tipos de evaluación auténtica en grupos con un número elevado de alumnos, si bien en todos los casos se requiere una labor intensa del docente para el tratamiento individualizado de los estudiantes.

Son numerosas las consideraciones que he extraído de esta lectura en relación a mi experiencia como estudiante de lenguas extranjeras y como futuro docente. La evaluación es una disciplina novedosa para mí y, en este sentido, la lectura ha constituido una introducción útil y pertinente al estado de la cuestión. Compartiendo, en términos generales, la visión de Kohonen sobre la evaluación auténtica, constato su opinión de que el futuro de la evaluación pasa necesariamente por un modelo más alejado de los enfoques tradicionales y más próximo a la integración de métodos de evaluación orientados a la reflexión sobre los procesos de aprendizaje.

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